Al Madrid no le da ni para empatar

 

Pues va a tener razón Solari que los empates están minusvalorados. El Real Madrid regaló a sus aficionados otro partido decepcionante, repleto de problemas desde el minuto uno, demostrando que sus males no estaban en el banquillo sino en el campo. Hay coartadas, como los destellos de Vinícius, las grandes paradas de Rulli o los penaltis que no pitó Munuera. Pero no le alcanzó para igualar siquiera ante una buena Real, y eso no deja en buen lugar a los blancos.

Es difícil empezar peor un partido, no uno cualquiera, sino en Reyes, después de dedicar el título mundial al público. Quedaron señalados además dos de los futbolistas más desafortunados ante el Villarreal. Marcelo no se aplicó ante la presión de Mikel Merino, y cuando el donostiarra robó y se metió en el área, Casemiro le atropelló. Tarde y mal. Willian José, que sufría una sequía prolongada, transformó el penalti, duro y arriba, tirando a la basura cualquier planteamiento inicial.

Al minuto dos se fue al garete el plan de Solari, que mantuvo los tres puntas dando entrada a Vinícius por Bale. El brasileño es dinamita cuando encara la portería, así que nada que reprocharle en esa elección. Otras son discutibles, aunque quien tiene más datos es siempre el entrenador. No hizo cambios en el once, dando mucho valor al empate de La Cerámica. El caso es que en el once nunca tiene cabida Isco, un meritorio a sus ojos. Pues nada. Estupendo. Sobre todo por lo poco que transmite el equipo sin el malagueño. Lo peor en el Bernabéu no es cabreo o la bronca, es la resignación.

Lo que no logró el gol en contra lo consiguió el colegiado, que encrespó al Bernabéu al no pitar penalti de Illarramendi al meter la cadera a Ramos cuando entraba al remate. Lo que siempre se llamó hacer la cama, vamos, y que se pita sí o sí fuera del área. Munuera, que vio grave el derribo de Casemiro, no juzgó igual en el otro área y el VAR validó el criterio arbitral. Ramos se encaró con él, fuera de sí. Templó y no le amonestó.

Entró Isco y el Madrid dio un paso más hacia el área contraria, y apeló a la épica después de la absurda expulsión de Lucas, en mediocampo. Se rompió la camisa, como Camarón. Pura impotencia. El caso es que la mejor opción de ataque era Vinícius. Lo entendió Isco, que le metió en velocidad, se plantó ante Rulli, que le rebañó el pie en el mano a mano, y Munuera no pitó. Estaba cerca, y si desoyó al VAR fue imprudente. Doble error.

Tan roto estaba el partido que el gol podía llegar en cualquier portería. No acertó el Madrid, y la Real se hartó de fallar. Hasta que en otro ataque en superioridad, Willian José templó para que cabeceara Pardo. La sentencia. El Bernabéu se vació de aficionados, que ni siquiera se quedaron a pitar. El desplome es evidente. Habrá que ver si el club toma medidas o tira el año a la basura.

Tomado de marca

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