
Sin perdón. Sudáfrica era mejor que Inglaterra en la gran final del Mundial de Rugby de Japón y casi le doblaba en el marcador, logrando un incontestable triunfo y su tercer título mundial tras los cosechados en 1995 y 2007. Tercera final para los Springboks y tercer título para los sudafricanos, máxima efectividad.
Los hombres de Rassie Eramus estuvieron mucho más acertados desde el primer balón al aire y acabaron imponiendo su estilo en una final en la que Inglaterra quiso pero no pudo entrar al partido, gracias al gran trabajo defensivos de Sudáfrica, a su fuerte defensa, a su agresividad, pero también a su atrevimiento y a su acierto a la hora de jugar al ataque y a la mano.
Sudáfrica gana el choque de estilos
En toda final, los detalles y el acierto son claves y Sudáfrica fue mejor en ambos apartados. Primero cuando supo reponerse al primer lanzamiento a palos erróneo de Handrè Pollard. Después intentaría otros seis a lo largo de partido, más los dos adicionales tras sendos ensayos, y no fallaría ninguno. Las malas noticias para Inglaterra llegaron muy rápido, ya de inicio, cuando Kyle Sinckler tenía que dejar el terreno de juego por un fuerte golpe en la cabeza.
El XV de la Rosa, que presentaba el equipo más joven en un final del Mundial de Rugby, acabaría pagando su falta de acierto, no disponer de la confianza de Sinckler en el campo y la falta de reacción desde el banquillo de su técnico, Eddie Jones, que cuando quiso reaccionar en el segundo periodo ya era tarde; por no hablar de la victoria previa ante Nueva Zelanda, que probablemente jugó en su contra.
6-12 para Sudáfrica al descanso
Inglaterra llegó hasta en dos ocasiones a empatar en el marcador, pero se fue a los vestuarios por debajo en el marcador, 6-12, merced al acierto de Pollard lanzando a palos. El capitán de Inglaterra Owen Farrell contrarrestó todos los aciertos de su homólogo rival, pero el sudafricano dispuso de más oportunidades y no falló.
Y es que el XV de la Rosa cometía demasiados errores, demasiadas faltas, todas solucionadas con golpeos a palos cuando se presentaba la oportunidad; mientras los Springboks obtenían el premio a ser más valientes desde el inicio, más precisos jugando a la mano y con el pie, fuertes en defensa y con dobles placajes ganadores.
El inicio del segundo periodo parecía dibujar un nuevo escenario, con Inglaterra dando un paso al frente y siendo más ambiciosa, pero el movimiento de banquillo de Jones fue contestado con criterio y acierto por Erasmus. Y de nuevo, cuando el XV de la Rosa parecía ir al frente, cometía un nuevo error, esta vez en una melé y Sudáfrica se la jugaba con un pateo casi desde el medio del campo, que Pollard no erró. Casi sin tiempo de respirar, Inglaterra reaccionaba con otro ensayo y subía el 9-15 al marcador. Farrell fallaba por su parte a palos, lo que no hacía Pollard y Sudáfrica volvía a irse en el marcador.
Los dos ensayos de Sudáfrica
Los pateos de Faf de Klerk, así como el juego con la mano, eran siempre con criterio, y de sus manos nació el primer ensayo del partido, el primero de Sudáfrica. Makazole Mapimpil iniciaba la jugada de ataque con una patada a seguir, su compañero Lukhanyo Am recogía el ovalo cuando éste se levantaba y le cedía el honor de anotar, inclinando aún más la balanza para su selección. ¡Sudáfrica estaba ya en pie! Pollard aumentaba la diferencia hasta el 12-25. Hubo revisión del VAR por si hubo abant en el inicio del ataque, pero no lo vieron claro y dieron conformidad al ensayo.
Inglaterra estaba desbordada y el campo se le ponía muy cuesta arriba. Cuando todavía los ingleses se preguntaban qué hacer, cómo reaccionar Inglaterra perdía un balón tras un buen placaje –porque los Sprinboks mantenían la agresividad– y Cheslin Kolbe lograba el segundo ensayo del partido; refrendado por Pollard después.
El marcador se iba ya a los 12-32, que ya no se movería hasta el final. Pollar quiso rizar el rizo con drop que no le salió. Quizá hubiera sido demasiado castigo para Inglaterra, pero este domingo, sobre el césped del estadio de Yokohama, Sudáfrica dio una lección de rugby, con un artífice principal: su entrenador. Rassie Erasmus se hizo cargo de la selección sudafricana a principios de 2018 y en un año la ha convertido en la mejor del mundo, toda una campeona que tendrá que buscar un nuevo líder, ya que Johan ‘Rassie’, ex jugador, probablemente no siga al frente de los Springboks.
Tomado de mundodeportivo






