Federer da el trono a Nadal

Para muchos contra pronóstico, Roger Federer ganó, que digo ganó, pasó este jueves por encima de Novak Djokovic (6-4 y 6-3 en 73 minutos) y jugará por 16ª vez las semifinales del Masters. El suizo dio otra lección de tenis, jugó como no se le había visto en bastante tiempo, más si tenemos en cuenta la trascendencia del partido y la categoría del rival, un Djokovic que se queda fuera del torneo y que ya no podrá terminar el año como número uno. Ese privilegio le corresponderá a Rafa Nadal, que gracias a su amigo Federer lo conseguirá por quinta vez (2008, 2010, 2013, 2017 y 2019) y empatará con los dos protagonistas del duelo y con Jimmy Connors, a uno del líder de siempre, Pete Sampras (6). También se convierte en el más mayor de la historia que termina líder desde que se instauró el ranking ATP (1973). Además, si el balear pasa a los cruces, se las verá de nuevo con el helvético.

Está previsto que la ATP reconozca la gesta de Nadal probablemente este mismo viernes, en un acto parecido al que se celebró con los colombianos Cabal y Farah, números uno en dobles, después del Thiem-Berrettini. El español, que recuperó el trono el 4 de noviembre, tiene ahora 9.785 puntos y Djokovic se queda con 9.145, a 640, lejos del objetivo que no esconde que perseguía: “Por supuesto que era una gran motivación, también para el final de la temporada, pero cada vez que sales a una pista hay algo en juego, al menos a estos niveles. Siento presión y emoción todo el tiempo, en cada partido, especialmente cuando juego contra los mejores del mundo”.

Lo dijo en rueda de prensa, después caer ante un genio. Y es que el primer set de Federer fue una obra de arte, un clínic de saque con un 83% de primeros dentro, un 84% de puntos con ellos y un 100% con segundos. Sólo perdió tres tantos en su turno de servicio (20/23). Ese factor, importantísimo, le permitió dominar y cerrar el parcial con ¡un error no forzado! Verle jugar así, en un O2 a reventar y entregado a su figura, fue una auténtica delicia. Por contra, a Djokovic se le notó taciturno, deslucido, sin pegada, sin control con el revés. Navegó a contracorriente, con el público jaleando cada acción de Federer y, lo que es peor, cada fallo suyo. Para colmo, el codo derecho le molestó al principio de la segunda manga.

Roger bajo el listón del saque, pero mantuvo la suficiente percicia para despejar la única oportunidad de quiebre que tuvo el balcánico en todo el partido y sumar un segundo break para ponerse 3-2 arriba y consolidar la ventaja para el 4-2, ante el delirio del respetable. En un partido con pocos intercambios largos, el helvético se movió como pez en el agua, a gusto y al mando. Se preveía un partido, sino más largo, algo más disputado. Federer no lo permitió, no le convenía y todo le salió a pedir de boca. En pleno festival, cerró el partido, y su 23ª victoria contra Nole en 49 partidos, con un tercer break, a toda máquina. Las luces brillaron con sus tantos, con sus 12 aces, con su revés a una mano imperial. En el momento preciso, supo hacer el partido que más le convenía. Y sigue ahí, con 38 años.

Tomado de As

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